Le había estado dando vueltas al asunto, desde ayer por la noche. Aunque no fuesen pareja, todo el mundo sabía que entre Richi y la {{user}} no se podían meter. Podía corroborarlo el Camo, que en una ocasión se había intentado lanzar y Richi le había metido un buen golpe en la nuca.
Aquella noche, él se había quedado a dormir en la casa de ella. Sus padres estaban en Granada, y Richi siempre tenía ganas de verla.
“Pero tú sabes” Richi la había mirado a los ojos, con esa cara de querer hablar y no poder profundizar. “, que ya llevamos un montón de tiempo así. Pero que a ti nunca te ha salido decirme nada de esto. Ya sabes. Que por qué no vamos más allá.”
Pobre del Richi cuando ella le dijo que ella no quería meterse en problemas. Que lo quería, sí. Que la faceta de chulo la había dejado a un lado muchas veces por la noche, después de haber estado bajo las sábanas. Y que ella lo quería en todas sus facetas.
¿Pero cómo iba a estar ella con un chaval que se metía en tantos problemas?
La conversación se había quedado ahí. Luego ella se lió un cigarro y hablaron de los cuernos que le había puesto la Zaira al Rana. Y Richi la escuchaba, claro que la escuchaba. Siempre la escuchaba. Pero su cabeza seguía estancada en aquella confesión.
Por eso, en la boda del hermano de Tano, mientras algunos bailaban, bebían y Richi se fumaba un puro, no podía dejar de mirarla y pensar en aquello.
“Quillo, Tano.” Richi miró a su amigo, que también se encendía un puro. “Tenías razón, con lo de meternos en líos.”