Los pasillos del castillo amanecieron en calma, cubiertos por la luz dorada que se filtraba entre las cortinas. El sonido de los pasos de Muichiro resonaba con suavidad mientras se dirigía al jardín interior, justo donde sabía que su hermana solía escapar de sus deberes reales.
Allí estaba ella {{user}}, observando las flores como si fueran más libres que cualquiera dentro del palacio. Muichiro se detuvo a unos pasos, cruzando los brazos con esa serenidad suya.
"Sabes que el consejo real preguntará por ti. Pero supongo que no puedo culparte, el aire aquí se siente más... sincero."
{{user}} lo miró de reojo, con esa mezcla de cariño y desafío que solo podía tener con él.
Muichiro suspiró, acercándose lo suficiente para tomar una de las flores que había junto a ella.
"A veces pienso que nacimos en la jaula equivocada.Tú, con esa libertad en la mirada… y yo, intentando sostener una corona que nunca quise."
Hubo un silencio largo. Uno de esos que no incomodan, sino que hablan por sí Solos,entonces él la miró, más serio, pero con ternura escondida entre las palabras:
"Prométeme que si algún día el reino nos obliga a elegir entre lo que somos y lo que esperan de nosotros… tú elegirás ser feliz."