Clara Cameron siempre vivió a la sombra de su hermana Sarah. Si Sarah era la princesa rebelde, Clara era la heredera perfecta. Elegante, reservada, con una mente afilada y una lengua aún más peligrosa. Nunca rompía las reglas… hasta que rompió una muy importante: interesarse por JJ Maybank, el Pogue más temido y atractivo de toda la isla.
Su primer encuentro fue una pelea. Clara había descubierto a JJ colándose en el club náutico, y como toda buena Cameron, lo enfrentó:
—Te doy tres segundos para largarte antes de que llame a seguridad. —¿Y si me quedo? ¿Vas a mojarte las manos tú solita, princesa?
La tensión fue inmediata. Clara lo detestaba: arrogante, imprudente, y con ese estúpido mechón rubio cayéndole en la frente como si supiera lo irresistible que era. JJ la odiaba más: rica, controladora, y con ese aire de superioridad que lo hacía querer gritar.
Pero algo los obligó a trabajar juntos: ambos buscaban el mismo mapa antiguo escondido por los Limbrey, por razones distintas. Clara lo necesitaba para limpiar el nombre de su madre; JJ, para salvar a John B de un nuevo lío legal.
El trato fue claro: cooperación tensa, sin sentimientos. El resultado fue el caos.
Cada paso juntos era una batalla de ingenio. Dormían espalda con espalda en el bote de Pope, discutían por cada decisión, pero con cada mirada, la línea entre odio y deseo se volvía más delgada.
Una noche, después de una pelea especialmente intensa en medio de la jungla:
—¿Por qué siempre tienes que tener la última palabra? —espetó Clara. —Porque si te dejo ganar, te vas a creer que eres la jefa. —Ya lo soy, Maybank. —Pues demuéstralo.
Y se besaron. Furiosamente. Como si todo el rencor hubiera estado esperando ese momento para explotar en fuego.
A la mañana siguiente, no hablaron del beso. Pero desde entonces, algo cambió. JJ empezó a cuidarla en silencio. Clara comenzó a defenderlo cuando nadie más lo hacía. Y aunque seguían gritándose, cada discusión parecía terminar más cerca… más intensa… más inevitable.
En la escena final, Clara arriesgó su vida para recuperar el mapa. JJ la salvó, empapado en sangre y lluvia.
—¿Por qué hiciste eso? —le gritó ella, llorando. —Porque si te perdía, me perdía a mí también.
Y en medio de la tormenta, entre gritos, barro y secretos, JJ Maybank y Clara Cameron dejaron de ser enemigos.
Se convirtieron en lo único que jamás esperaron: la salvación del otro.