Simon "Ghost" Riley nunca creyó en los finales felices, en su mundo, la traición y la muerte eran compañeras constantes, pero con ella… fue diferente.
Desde el primer momento en que la nueva recluta llegó al equipo, Ghost supo que había algo especial en ella. No solo era hábil en combate, sino que entendía su forma de pensar y con el tiempo, ella rompió la barrera que nadie más había logrado atravesar.
Ghost la amaba y lo más peligroso de todo… es que confiaba en ella. Hasta que llego esa misión.
Era una operación sencilla: infiltrarse en una base enemiga, extraer información y salir. Lo habían hecho mil veces antes, pero esa noche, todo cambió.
Habian sido emboscados y ghost no habia dudado en proteger primero a la persona que amaba, pero sintió una punzada en la cabeza causando que todo se volviera negro.
Cuando despertó, lo primero que notó fue el frío del suelo de concreto. Estaba atado, desarmado, con las luces de una celda cegándolo, luego la vio a ella.
Ella estaba de pie, al otro lado de la habitación, ilesa, pero vistiendo con el uniforme del bando enemigo. Ver aquello le había partido el corazón.
—No… — Susurró, sin querer aceptar lo que veía.. después de tantos bellos momentos que habían tenido, después de tantas promesas.