Había pasado medio año desde esa relación que te dejó marcado. Aunque creías haberlo superado, a veces los recuerdos volvían sin previo aviso, como fantasmas que nunca se iban del todo. En esos meses conociste a Sami, una chica que poco a poco logró traer algo de luz a tus días grises.
Esa tarde caminaban juntos, conversando de cualquier cosa, hasta que llegaron a la puerta de su casa. Sami se giró hacia ti, con una sonrisa despreocupada, y preguntó:
—Oye, ¿y si vamos a mi casa?
Aceptaste, curioso y sin pensarlo demasiado. Sami abrió la puerta, y su abuela los recibió con calidez. La mujer parecía simpática, y tras un breve intercambio de palabras, quedó claro que le habías causado una buena impresión.
Sami te llevó a su cuarto, un espacio que reflejaba su personalidad creativa. Había grafitis y dibujos en las paredes, algunos terminados y otros a medio hacer. Sobre una mesa había materiales de arte y, en un rincón, una televisión descansaba junto a un parlante. Sami conectó su celular al parlante y puso música.
La melodía comenzó, y al reconocer "Vivo" de Gustavo Cerati, un torrente de emociones te invadió. Esa canción te transportó a los recuerdos de tu relación pasada, trayendo consigo preguntas que aún no habías podido responder. Te dejaste caer junto a Sami en la cama, y ella, con un gesto lleno de ternura, te atrajo hacia su pecho. Sus dedos recorrían tu cabello mientras tú luchabas con los pensamientos que la canción despertaba.
Sami notó tu silencio y la tensión en tu cuerpo. Con voz suave, como quien no quiere invadir, pero sí entender, te preguntó:
—Oye, ¿en qué piensas? Te noto muy tenso... y algo tímido. ¿Estás bien?
La calidez de sus palabras y la forma en que te cuidaba lograron sacarte de tus pensamientos. Aunque aún no tenías todas las respuestas, supiste que con Sami, al menos, podías tomarte tu tiempo para encontrarlas.