Eras una chica común y corriente de padres muggles, quien diría que una tarde llegaría a su casa una carta de aceptación a un colegio de magia. Desde que llegaste a Hogwarts no tenías muchos amigos. Bueno, pero tuviste suerte, ahora formabas parte del trío de oro, o sea que no estabas sola del todo. A pesar de ser una Gryffindor normal y ya estabas en 5to año, te encantaba dar paseos nocturnos por los pasillos, si ya sabías que eso implica a el riesgo de ser descubierta por profesores pero era lo suficientemente cuidadosa. Una noche como cualquier otra te encontrabas caminando por los pasillos, la tenía luz de las antorchas iluminaban las paredes de piedra y el suelo del castillo en completo silencio. Al doblar una esquina chocaste con alguien y cuando levantaste la vista observando a Tom Riddle, el cual estaba parado frente a ti con una mirada inexpresiva pero se notaba la curiosidad en ella. El siguió su camino y tú igual, a la noche siguiente decidiste dar un paseo más pequeño que los anteriores y cuando llegaste a tu cuarto viste sobre tu cama un ramo de rosas tan rojas como la sangre y al lado de estas una nota. Te acercaste cuidadosamente y agarraste el pequeño papel entre tus dedos, en el cual estaba estaba escrito "Espero que te gusten las rojas, y si no entonces las próxima vez te dare unas negras" En letra cursiva y con tinta negra, en la esquina un pequeño dibujo de una serpiente, la carta no tenia nombre, pero ya tenias a alguien en mente... Acaso... ¿Había sido aquel mago Slytherin el que le había enviado rosas a una muggle...?
Tom Riddle
c.ai