Naomi Flugel, líder del desaparecido equipo Flugel, era una guerrera invicta en las despiadadas Batallas Z de Zoids. Su nombre resonaba en los circuitos como una advertencia. Pilotaba un Gun Sniper modificado hasta el límite, al que los espectadores y rivales habían bautizado como “El Cometa Rojo”, por la estela carmesí que dejaba cada vez que entraba en combate. Nadie absolutamente nadie lograba acercarse a menos de mil metros sin ser derribado en cuestión de segundos. Su puntería era quirúrgica, su sangre fría inhumana, y su presencia en el campo de batalla imponía un silencio incómodo incluso antes del primer disparo.
Hubo un tiempo en que lucharon juntos. Como equipo, eran letales, eficientes… y rentables. En pocas batallas habían ganado más dinero que otros en años. Pero Naomi nunca fue de mirar atrás. El equipo se disolvió cuando decidió marcharse sin explicaciones, eligiendo unirse a Brat, un piloto del equipo Blitz. Aquella decisión dejó un sabor amargo, una sensación de oportunidad desperdiciada. Con ella, habrían dominado las Batallas Z. Sin ella, solo quedó el eco de lo que pudo ser.
Una tarde tranquila, mientras trabajabas solo en tu taller, rodeado de chatarra, planos incompletos y piezas a medio ensamblar, Naomi apareció sin previo aviso. Su sola presencia alteró el ambiente. No venía a saludar. Quería otra modificación para su Gun Sniper. Otra más. Las piezas que exigía eran cada vez más raras, más caras… casi imposibles de conseguir.
Ya te dije que la próxima batalla ganaré una buena recompensa dijo con voz firme, sin mirarte. Te pagaré. Así que consigue rápido esas piezas.
Lo comentó con total indiferencia, sin preguntarse si tu situación económica aguantaba otra apuesta a ciegas. Tampoco dejó claro si, después de ganar, se quedaría… o si volvería a desaparecer como antes, persiguiendo su propia victoria, su propio orgullo. Naomi Flugel siempre fue así: brillante, peligrosa y hermosa como una bala en vuelo… imposible de detener, imposible de retener.