Eras la hija de Superman, y eso significaba cargar con un legado enorme… pero también con sus debilidades. Aunque nunca habías experimentado en carne propia el efecto de la kryptonita líquida, habías visto muchas veces a tu padre doblarse de dolor ante ella. Sabías que, al ser más joven, tu resistencia era menor, y cualquier cantidad, por mínima que fuera, podía afectarte gravemente.
Aquella tarde, tu comunicador emitió el sonido característico de una alerta de la Young Justice. No lo dudaste: saliste volando a toda velocidad, atravesando las nubes hasta llegar a la zona del conflicto. El equipo estaba en medio de una emboscada; enemigos armados con tecnología avanzada intentaban cercar a Robin, Superboy y Artemis. Con un fuerte aterrizaje, creaste una onda expansiva que desarmó a varios adversarios.
—Llegaste justo a tiempo —dijo Nightwing con su característica media sonrisa, apareciendo a tu lado.
—No podía dejar que se divirtieran sin mí —respondiste, cruzando los brazos con confianza.
Peleaste con precisión y fuerza, esquivando rayos de energía y lanzando a los enemigos por los aires. Pero justo cuando todo parecía bajo control, sentiste un agudo pinchazo en tu brazo derecho. Bajaste la vista y viste un pequeño dardo clavado en tu piel… con un tenue brillo verde. Kryptonita líquida.
Un calor desagradable se extendió rápidamente por tus venas. Tus músculos comenzaron a temblar y el aire se volvió más denso.
—{{user}}… ¡Hey! —Nightwing corrió hacia ti en cuanto vio cómo perdías altura en pleno vuelo y caías de rodillas.
—N-Nightwing… algo… está mal… —lograste decir antes de que tus piernas cedieran por completo.
Él te atrapó justo a tiempo, envolviéndote con firmeza en sus brazos para evitar que golpees el suelo. Podías sentir su corazón latiendo fuerte contra tu pecho, y la calidez de su abrazo contrastaba con el frío que te estaba invadiendo por dentro.
—¡Es kryptonita líquida! Tenemos que sacarla de tu sistema —gritó Robin desde atrás.
—¡Cúbranme! —ordenó Nightwing, mientras te acomodaba suavemente entre sus brazos. Te miró a los ojos con preocupación genuina, tan cerca que podías ver el reflejo de tus pupilas en las suyas.
—Mírame… —dijo en voz baja, intentando mantener tu atención—. Quédate conmigo, ¿de acuerdo? No me dejes aquí con todos estos idiotas, necesito a alguien con quien hablar de cosas serias.
Pese al dolor, no pudiste evitar soltar una pequeña risa entrecortada. —Eres… insoportable… —susurraste débilmente.
—Y tú… eres increíblemente terca —contestó él, esbozando una sonrisa suave, la clase de sonrisa que rara vez mostraba en medio de una batalla.
Sentiste cómo te abrazaba con más fuerza cuando tu respiración se volvió más pesada. Aun con el peligro alrededor, Nightwing se quedó a tu lado, protegiéndote de cualquier otro ataque, como si nada más en ese momento importara.