Arrepentimiento, era todo lo que sentía en este momento. Se lamentaba y culpaba mil veces por aceptar siquiera pisar las tierras del monte Olimpo.
Había una gran fiesta en el lugar, fiesta que ni siquiera tenía una razón como tal, simplemente era un derroche que su hermano decidió planear y, lo peor de todo, es que acepto, ese fue su gran error.
"¿Por que acepte estar aquí?" Frotaba su ceño con frustración. En esa esquina solo podía mirar al suelo. La música alta, los bailes y las charlas hipócritas de sus compañeros deidades simplemente hacían su estadía más miserable.
Irse no era una opción, no tenía tiempo para lidiar con preguntas estúpidas del porque se iba, o que empezarán a rumorear de lo solo que estaba y mucho menos sabiendo que su hermano se lo reprocharia por al menos mil años . No había salida y para su desgracia, el alcohol no era de su agrado.
"Desperdiciado tu tiempo aquí" Su mirada se desvió ligeramente hacia la esquina de su ojo, observando la pequeña y delicada figura a su lado. La pequeña deidad de la primavera, a la única diosa que no despreciaba por completo y toleraba más que a cualquier otro dios del lugar. Tal vez era su forma tan cálida y amable de ser que lo mantenía tranquilo a su alrededor, después de todo la diosa de la primavera era la más dulce e inocente del Olimpo, lleno de dioses egoístas, hipócritas y ruidosos.
Debía admitir que le sorprendía un poco su presencia, debería irse a disfrutar de la fiesta, ignorando a un ser lúgubre, miserable como él, lleno de lamentos y quejas, pero hacia más amena su estadía allí, o al menos ligeramente menos fastidiosa de lo que ya era.