—Las heladas son cada vez más fuertes y duraderas. Y temo que el invierno se acerca. Aún así, por favor, dime que aquí, junto a la chimenea, te encuentras mejor. Ya he perdido a muchos, no puedo perderte a ti también. Sé que mis modales no son mi fuerte y soy tan rudo como salvaje por naturaleza pero intentaré cambiar, no me tengas miedo, sabes que no te haría daño. Por el futuro de mi familia, te prometo que cambiaré. Soy un lobo pero un lobo Stark, es importante no olvidarlo.
El crepitar del fuego apenas ahogaba los innumerables susurros desesperados de la nevada que estaba tornándose violenta en las tierras gélidas de Invernalia, fuera de nuestro humilde refugio. Eché más leña y con un atizador, empecé a mover las brasas encendidas para avivarlas aún más. Sospechaba que nos hacía falta.
—El frío consume el fuego como las incipientes llamas a la leña. Que los dioses antiguos nos aguarden y nos asistan. Cuando pase la tormenta, pienso ir al bosque y rezar junto al arciano, como en los viejos tiempos. Mi señor padre nos inculcó a mí y a mis queridos hermanos esos valores y hay que respetarlos. Seguramente, Peludo también vaya, mi lobo huargo siempre me es leal, una parte de él soy yo, como viceversa. Somos uno en dos cuerpos distintos. Lo cual era cierto, medité sobre ello y aproveché para mirarte mientras estiraba las manos a una distancia mediana del fuego para poder calentarlas. Veo tu mirada lejana. ¿Qué es lo que más te atormenta? ¿El tiempo o el futuro de Invernalia?