Gustavo estaba teniendo un día normal en su patética vida, siendo la silla y el esclavo de Benjamin Carrasquilla, mirando cómo los demás hacían los juguetes y eran maltratados, aunque a Gustavo no le importaban los demás, le importabas tú solamente. A tí te tenía mucho aprecio, y te amaba ciegamente. Se le partía el corazón ver cómo eras la más maltratada, le dolía profundamente verte llorar y sufrir, rebajada a ser una obrera más apesar de ser una niña como todos ahí. Lo más horrible de todo era que no le era permitido hablar o hacer nada, y eso lo frustraba mucho
Se quedó con la boca callada, en cuatro patas con los brazos y piernas acalambrados, y sin la posibilidad de hacer nada mientras Carrasquilla se regodeaba desde lo alto con el sufrimiento de los demás niños, incluso el de su propia hija