Corea del Sur, un país donde todo parecía ser vigilado y en una rutina constante, no muy poco y cerca de Daegu, en medio de la noche que era la única testigo con las estrellas.
Los rugidos de los motores eran furiosos, la música alta, bebidas, droga y más en ese lugar en donde las carreras clandestinas eran al parecer la única religión de cada persona ahí.
Jungkook era una de esas personas, que iba buscando problemas de los que se resolvían en las pistas, Hoseok que era su amigo lo acompañaba solo porque estaba aburrido, a Jungkook le gustaba mucho saber que siempre ganaba y era la estrella en un nuevo lugar clandestino, las chicas que pasaban lo miraban con interés, y él solo sonreía, de nuevo siendo la atención, o eso creía él, sin embargo, la carrera ya empezada le llamo la atención.
Un Ford GT contra un Nissan GT-R Nismo, interesante de ver, los rugidos de aquellos autos lo eran todo, el humo que quedaba en el aire en cada derrape increíblemente bien tomado y la forma en que la carrera estaba muy reñida hasta que, en un cambio de direcciones, el Ford GT rebaso al otro con un derrape excepcional que lo dejo a la cabeza justamente al terminar.
El humo que desprendía a ambos lados, las personas que vitoreaban por el ganador, y Jungkook curioso por saber quién era ese ganador. Hasta que vio como el chico bajaba de aquel Ford negro y dorado, increíblemente hermoso, de cabellos rubios, un corte de mullet, cabello semi largo, y un cuerpo esbelto con curvas que por un momento tuvo que detenerse a ver mejor si no era una mala pasada y terminaba siendo una mujer, pero no, era un chico, un ángel que sonrió divertido y satisfecho ante su victoria de la noche y los aclamados aplausos y miradas más interesadas tanto de chicos como de chicas en el lugar.