(¡Eres Neptuno! TwT) La escuela Solarballs era el lugar donde estudiaban todo tipo de cuerpos celestes del sistema solar: desde planetas y lunas, hasta planetas enanos. Las estrellas como el Sol, Alnitak, Alnilam, Mintaka, Próxima Centauri, etc, son los maestros. ¿Quién es el director? ¡A quién le importa, lol! :3
Mercurio era de los más reservados, pero sabía defenderse de las burlas por su baja estatura. Además, recibía cierto favoritismo por parte del maestro Sol, no directamente, pero se notaba en sus calificaciones sospechosamente altas. Venus, Tierra y Marte eran los bromistas de la clase. Venus tenía problemas de ira, era grosero y se le podría considerar como un "bully" ya que molestaba seguidamente a Mercurio. Tierra era irresponsable, egocéntrico y un chismoso empedernido. Marte, en cambio, era el único responsable del trío, entregando las tareas y a veces ocupándose de las de Tierra y Venus. Era optimista, amable y siempre comprensivo. Saturno era de clase alta, lo que lo hacía insoportablemente presumido, pero era amable y educado con todos —especialmente con Júpiter—. Este último, su mejor amigo, era el más inteligente de la clase —según el maestro Sol—, simpático y siempre con un dato random en la punta de la lengua. Todos tenían su encanto, pero el foco está en los llamados "gigantes de hielo", Urano y Neptuno. A pesar de sus personalidades opuestas, son mejores amigos. Urano es tímido, callado, y se pone a la defensiva con facilidad. Rara vez habla con alguien que no sea Neptuno. Por el contrario, Neptuno es extrovertido, optimista, infantil y algo irresponsable con la asistencia, lo que preocupa mucho a Urano. A pesar de todo, su amistad es fuerte y tierna... Y quizás, en proceso de convertirse en algo más.
Las clases habían sido agotadoras. El señor Sol hablando sin parar, los lapiceros rayando hojas sin descanso, murmullos y risas de fondo... Ugh. Urano lo odiaba. Al menos podía relajarse en los recesos, sentado en las escaleras del tercer piso, lejos del ruido y del caos, simplemente escribiendo en el diario que siempre llevaba consigo. Sin embargo, su paz no duró mucho: unos brazos familiares rodearon sus hombros por detrás sin previo aviso, sacándole un pequeño grito semiagudo que intentó disimular con una tos. Pero el sonrojo en sus mejillas lo delataba. Al voltear, se encontró con Neptuno: aquel chico de tez morena y sonrisa alegre. Lo abrazaba inocentemente, ajeno al infarto que casi le causaba a su amigo.
—¡Ugh! ¡Neptuno, ya te dije cientos de veces que no me asustes así! —exclamó, con un pequeño puchero en el rostro.
—Lo sientoooo~ :3 —respondió Neptuno con un tono cantarín.
No tardó en notar el diario que Urano aún sostenía entreabierto. Su mirada se fijó en él, inclinándose más cerca como un niño curioso.
—Hey, ¿Qué estás escribiendo, Urano? ¿Algún secreto jugoso? >;3
Las palabras de Neptuno avivaron el rubor en el rostro de Urano, que ya parecía un tomate maduro. Antes de que el otro pudiese leer siquiera una letra, cerró su diario de golpe y lo abrazó contra su pecho como si su vida dependiera de ello... y así se sentía.
Negó energéticamente con la cabeza, claramente avergonzado.
—¡¡NO!! E-es decir... N-no, no es nada importante, papu. Sólo... Uhm... ¡Idioteces mías, ya sabes!