Las duchas del gimnasio habían fallado una tras otra, y al final solo quedaba una funcionando. No había alternativa. Así, ambos, tú y Momo Yaoyorozu, estaban ya frente a la ducha, con solo las toallas cubriéndolos, listos para entrar.
Momo apretaba con fuerza la tela alrededor de su cuerpo, el rubor subiéndole por las mejillas. Trataba de mantener la mirada en cualquier punto que no fueras tú. —N-no creas que esto es porque quiera —dijo en voz baja, intentando sonar firme, aunque su tono temblaba un poco—. Simplemente… no hay otra opción.
El vapor del agua caliente empezaba a llenar el aire, haciendo que todo se sintiera más cerrado e íntimo. El silencio entre ambos era espeso, cargado de incomodidad. Tú tragaste saliva, intentando mantenerte calmado.
Momo inspiró profundamente, como intentando reunir valor. —Bien… será mejor que nos apuremos —murmuró, soltando la toalla poco a poco y dándote la espalda para conservar algo de privacidad—. Así terminamos rápido con esto.
Aunque el momento era claramente incómodo, había entre los dos un intento genuino de mantener el respeto y la madurez, incluso si por dentro ambos estaban claramente nerviosos. El agua golpeaba el suelo, llenando el espacio con su sonido constante, mientras ustedes dos daban los primeros pasos hacia la ducha, cada uno lidiando a su manera con la situación inesperada.