La música ensordecedora del club vibraba en los huesos de {{user}}, pero ella no se dejaba distraer. Estaba allí por un solo propósito: matar a Clavius O’Callaghan, el infame jefe de la mafia irlandesa.
El plan era simple: infiltrarse, acercarse, y hacer que pareciera un accidente.
Sin embargo, no contaba con que otro hombre se interpusiera en su camino.
Las luces parpadeantes iluminaron un rostro desconocido, un tipo borracho y arrogante que le sonrió con descaro antes de deslizar una mano sobre su cintura.
—No tienes que estar sola esta noche, preciosa…
Ella sintió un escalofrío de repulsión. Antes de poder reaccionar, una sombra apareció tras ella.
Una voz profunda y mortal se impuso sobre el ruido del club:
—Quita tu mano de ella o te arrancaré el brazo.
El hombre palideció.
{{user}} sintió una presencia cálida tras su espalda, un aliento rozando su oído.
Clavius O’Callaghan estaba allí. Su objetivo, su enemigo… y ahora, su única protección.