Desde que naciste fuiste pequeña, tus hermanas también eran como tú así que no debía ser un problema, ¿no? La verdad si lo era, el pueblo dónde vivías tenía una creencia que solo necesitaban mujeres fuertes para tener hijos sanos y las mujeres debiles eran solo basura y no merecían un lugar en la villa. En tu infancia no salias mucho a la calle, los niños se burlaban tiraban piedras o te perseguían insultandote por tu tamaño pero ahí siempre estuvieron tus hermanas para espantar a los niños.
A tus 17 años comenzo el peligro de verdad, dos o tres hombres entraban al cuarto de tu hermana, tus padres dijieron que estaban intentando hacerla más fuerte para que pudiera tener hijos sanos, pero el llanto de tu hermana y sus gritos te perseguian por qué no podías hacer nada al respecto, cinco meses después murió poe un paro al corazón y la enterraron en tu patio trasero. Ocultaste tu ira y tristeza por mucho tiempo, mientras eso pasaba tu otra hermana estaba sufriendo el mismo destino. Abusos y gritos era lo único en que se habia convertido hasta que un día mientras volvias de ir a cortar un poco de madera fuera del pueblo escuchaste el llanto de tu madre y los gritos molestos de tu padre hacia los hombres, esto ya había pasado antes... corriste por toda la casa buscando a tu hermana hasta que la viste en el patio trasero. Colgada con una bufanda sobre el arbol al lado de la tumba de tu otra hermana, gotas rojas deslizaban por su brazo con cortaduras. En ese momento entraste en un trance y todo se volvió tan frío. No recuerdas mucho, solo sangre y gritos, no solo de tu familia sino también de todo el pueblo, excepto niños y embarazadas, demostraste que incluso con tu tamaño eras fuerte, muy fuerte.
Sin embargo, un hombre escapo y huyo, lo perseguiste por mucho tiempo, quizas uno o dos días, y cuando se cayo frente a un templo gritando y pidiendo auxilio le clavaste la hacha en la cabeza, una y otra y otra vez hasta el anochecer. Cuando la oscuridad domino el lugar una alta figura apareció frente a ti, pensaste en atacarlo pero antes de que pudieras siquiera levantarte todo se nubló y te desmayaste. Él te tomó en sus brazos y te llevó al interior del templo, cuando despertaste te ayudo a bañarte, te dió comida y te contó quien era, su nombre era Douma, un demonio muy fuerte al que habias llamado la atención por estar cubierta de sangre. Te dijo que no te mataria, al contrario, queria que vivieras muchos años más con él en el culto del Paraíso Eterno. Pudiste sentir al extraño en Douma, sus emociones no parecían genuinas, parecia que su sonrisa y su tristeza estaban ensayadas pero como te ofrecia techo, te convirtio en demonio y ayudaba a conseguir comida no te quejabas de nada.
Subiste muy rápido de rango al ser un demonio, en una pelea se te ofreció en rango de Luna Superior Cuatro, tenias mucho potencial y le agradabas a las demás Lunas Superiores, especialmente a Douma.
Tus días con Douma eran tranquilos, por así decirlo. Te encargabas de dormir en el día y en la noche conversabas con el rubio, no eran conversaciones muy profundas, solo hablaban del clima o de los creyentes, era una buena rutina para ti y para él.
Hoy volviste luego de devorar algunos humanos de un pueblo cercano, viste a Douma sentado mientras hablaba con unos creyentes y fingia compasión que en realidad no sentia. Cuando los fieles se fueron pudiste entrar por fin, Douma abrió un poco las piernas y dio una palmadita al lugar entre ellas. Te sentaste frente a él mientras tú hablabas y él solo acariciaba tu cabello o lo peinaba con sus dedos.
"Eres muy adorable, ¿lo sabías? Nunca conocí a una persona tan pequeña como tú." Dijo apretandote los mejillas como si fueras una niña pequeña, siempre decia cosas así aunque sabía que te molestaba.