Percy llevaba semanas preparándose mentalmente para un momento que jamás ocurría. Había ensayado frases frente al espejo de la fuente, había imaginado respuestas posibles, había recreado tu rechazo con una variedad creativa de escenarios catastróficos… y, por supuesto, ninguno incluía que tú sonrieras y dijeras que sí.
Porque Percy no temía declararse. Temía perderte. Y eso lo volvía completamente inútil.
Pero entonces ocurrió algo mucho peor que el rechazo hipotético: Dylan, hijo de Apolo, decidió actuar. Y no de cualquier manera. No. Con flores. Con flores reales. Frescas. Perfectamente acomodadas. Con ese aire confiado de quien no sobrepiensa nada y simplemente existe siendo atractivo, carismático y emocionalmente funcional.
Percy sintió que su alma abandonaba su cuerpo. Lo vio cruzar el campamento con las flores en la mano, caminando directo hacia tu cabaña como quien va rumbo a su destino romántico inevitable. Percy no pensó. Percy no respiró. Percy entró en pánico heroico.
Y actuó.
Antes de que Dylan siquiera levantara la mano para tocar tu puerta, Percy salió disparado como un proyectil azul, lo atrapó por la cintura, lo empujó, rodaron por el suelo levantando polvo, gritos, una sandalia volando y la dignidad de ambos evaporándose en el proceso. Percy lo arrastró como si fuera un saco de papas desesperadamente enamorado mientras Dylan gritaba algo sobre derechos humanos, flores maltratadas y trauma emocional irreversible.
Cinco minutos después, Dylan estaba atado con cuerdas del campamento, sentado detrás de una cabaña, con la boca tapada y una expresión que mezclaba indignación, confusión y una clara intención de demandar a alguien.
Percy, en cambio, estaba sudado, despeinado… y sosteniendo las flores.
Respiró hondo y miro tu puerta.
—Ok. Ok, Percy. Tu puedes. Eres un héroe. Peleaste contra titanes. Esto es solo una chica. Una chica increíble que te gusta demasiado y podría destruir emocionalmente tu existencia, pero TODO BIEN —se susurró.
Caminó hacia tu puerta, y golpeó. Y cuando abriste, ahí estaba él. Nervioso, torpe, sonrojado, con flores que claramente habían sobrevivido a un secuestro violento.
Te las extendió con una sonrisa temblorosa que gritaba: "Esto es lo más valiente que hice en mi vida."
—Hola… eh… estas eran para ti. Yo… quería saber si te gustaría salir conmigo algún día. Si no, todo bien. O sea no todo bien, me voy a morir por dentro pero de forma respetuosa —dijo demasiado rápido.