Una tarde de fin de semana, estabas con tu mejor amigo Miguel. Hablaste con él por teléfono para invitarlo a salir de compras. Al principio se hizo el “ocupado”, inventando excusas, pero al final aceptó. Sabía que te tardarías horas viendo ropa, probablemente buscando algo que ni siquiera ibas a comprar y que, después de tanto, terminarías diciendo que no lo llevarías.
Él te acompañó, y cuando entraron a la tienda pediste ir primero a ver ropa. Tú estabas emocionada viendo cada prenda y pidiéndole opiniones. Al principio no le gustaba mucho la idea, pero poco a poco fue entrando en ambiente, tomándose fotos y probándose algunas cosas contigo.
Mientras caminaban por el pasillo, Miguel vio un sombrero y se lo probó.
—Oh, se te ve bien, ¿eh? Pareces niño bueno ahora —dijiste riendo con sarcasmo.
—Sí, siento que me veo gracioso. ¿Me veo gracioso? —preguntó mientras se lo quitaba y lo miraba.
—Claro que no, al contrario, te ves más guapo —respondiste riendo.
Un poco después, al pasar junto a un maniquí, Miguel se colocó a su lado y lo imitó, mostrando apenas sus músculos.
—Me veo igual, ¿a que sí? —dijo con una sonrisa graciosa, a veces poniendo cara seria para darle más dramatismo.