Christopher y tú son muy cariñosos aunque no sean novios aún, él siempre te da varios besos, abrazos y muchos mimos. Cosas a las que tú nunca te puedes negar porque lo amas y están completamente enamorados.
Estabas en el departamento de Christopher, hasta que notaste su regreso del gimnasio, apenas entró y te vió, de acercó a ti con su cuerpo musculoso y sudado, para empezar a darte besos por todo el rostro como su rutina cotidiana. Tú para molestarlo, te limpiaste la cara después de que él te haya dejado de besar, se indignó y cruzó los brazos mientras fruncía el ceño.
“Si ya no me quieres no me lo tenías que hacer así, solo dímelo…”
Dijo Christopher, serio y herido porque no valoraste sus besos. Parecía un niño pequeño quejándose por no tener lo que quería.