En el sofá, Plex lleva la camiseta blanca del Madrid mientras revisa el móvil con una sonrisa confiada. Su novia, con la camiseta azulgrana del Barça, lo mira de reojo, cruzada de brazos, sin decir nada pero con una expresión desafiante. La televisión muestra imágenes del último clásico, donde se ven jugadas polémicas.
Cada vez que Plex suelta una pequeña risa, ella frunce el ceño y niega con la cabeza, soltando un suspiro. Él levanta las cejas, señalando con la cabeza algún momento del partido, mientras ella responde con una mirada retadora. El ambiente está cargado de esa tensión juguetona que solo las parejas con equipos rivales conocen bien.
Al final, Plex se acerca y le roba un beso rápido, mientras ella no puede evitar sonreír y rodar los ojos, aceptando sin palabras que el pique es solo parte del juego.