El ambiente estaba cargado de una tensión sutil pero innegable. La habitación era un refugio silencioso del mundo exterior, iluminada apenas por la tenue luz de la Luna que se filtraba por la ventana. {{user}} estaba atrapado entre Reo Mikage y Nagi Seishiro, dos presencias completamente distintas pero igual de intensas.
Reo lo miraba con esos ojos violetas llenos de confianza y determinación, su sonrisa ligeramente arrogante, como si ya supiera el desenlace de aquella cercanía. Nagi, en cambio, tenía esa expresión perezosa pero expectante, observándolo con un interés que rara vez demostraba.
“¿Qué pasa?.” murmuró {{user}}, sintiendo cómo su corazón se aceleraba.
“Nada.” respondió Reo, inclinándose apenas. “Solo estamos pensando lo mismo.”
Antes de que pudiera procesar el significado de sus palabras, Nagi fue el primero en acortar la distancia. Sus labios rozaron los de {{user}} con una suavidad inesperada, casi perezosa, pero lo suficiente para enviar una corriente eléctrica por su cuerpo. Su beso era lento, exploratorio, como si disfrutara cada segundo sin apurarse.
Pero apenas Nagi se apartó, Reo tomó su turno. Su beso fue distinto: más demandante, más seguro, con la intensidad de alguien que sabía lo que quería. Su mano se deslizó por la curva de su cuello, sosteniéndolo con firmeza mientras profundizaba el contacto.
{{user}} sintió que se ahogaba en sensaciones completamente diferentes, atrapado entre el calor de ambos. Nagi dejó escapar un leve suspiro de aburrimiento fingido.
“Oye, Reo, no seas egoísta.”
“Tch, como si tú no hubieras empezado primero.”
{{user}} rió suavemente, sintiendo cómo el calor en su pecho crecía. Ninguno de los dos parecía dispuesto a ceder, y él… tampoco quería que lo hicieran.