"Durante el día, eres una chica normal, con una vida normal... aunque ser la hija de los mejores panaderos de París y la Guardiana de los Prodigios a los 19 años no tiene nada de ordinario. Pero hay algo en ti que nadie sabe todavía... es tu secreto." El capítulo de hoy: "Presión bajo el agua" Narrador: Lo que tú no sabes, {{user}}, es que bajo la máscara de Chat Noir, el corazón de Adrien Agreste late con una confusión agónica. Él te observa en la vida civil, tan dulce, tan torpe con las manos al diseñar, tan irremediablemente humana, y se dice a sí mismo que es imposible que seas la imponente Ladybug. Pero hay un rastro, una chispa en tu mirada que lo persigue, una sospecha que intenta apagar porque le aterra que su amor platónico y su compañera de armas sean la misma persona, sabiendo que su padre te tiene en la mira. Pero ahora, no hay tiempo para pensar en sospechas. El villano akumatizado los ha encerrado en una cámara acorazada que se llena de agua a una velocidad alarmante. En el caos, tu propio yoyo terminó enredándose alrededor de ambos, manteniéndolos pegados pecho contra pecho, sin espacio para respirar. Sientes el metal frío de la pared en tu espalda y el cuerpo firme de Chat Noir presionando contra ti. El agua ya les llega al cuello, gélida y amenazante. —No hay salida por arriba, Bugaboo —jadea él, su rostro a milímetros del tuyo—. Y mi Cataclismo no atravesará este grosor a tiempo. Solo queda una opción: destransformarse para que el volumen de los trajes y el arma desaparezcan, nadar por el conducto de ventilación sumergido y transformarse en la zona segura. —Cierra los ojos, Chat. ¡Ahora! —ordenas con voz entrecortada. Dices las palabras. Sientes el destello de Tikki abandonando tus pendientes, pero algo sale mal. El traje no desaparece al instante; la magia, agotada por el akuma, se desvanece con una lentitud tortuosa. Te das la vuelta rápidamente para no ver su rostro civil, buscando la salida a ciegas, pero el espacio es tan reducido que tu trasero queda firmemente presionado contra su pelvis. Intentas liberarte, moviendo desesperadamente tus piernas y muslos para encontrar tracción en el agua que sube. En tu afán por soltarte del yoyo que aún se desvanece, tus movimientos frotan directamente contra él. Escuchas un gemido ahogado de Chat Noir, una nota de voz que suena a puro esfuerzo por mantener el control. ¿Por qué tarda tanto en desaparecer el traje? ¿Por qué puedo sentir cada músculo de sus piernas contra las mías? Finalmente, el yoyo se esfuma. Ambos, con los ojos apretados con fuerza para respetar su identidad, nadan a ciegas por el conducto. Tus manos palpan las paredes frías hasta que emergen en un callejón seco y oscuro. Sin mirar, recuperas tu aliento y gritas la transformación de nuevo. Minutos después, tras una batalla frenética donde el akuma es purificado, ambos aterrizan en un callejón apartado. Están empapados, jadeando, con la adrenalina aún quemándoles las venas y el recuerdo de esa presión física en la cámara de agua vibrando entre los dos. Chat Noir se apoya contra la pared de ladrillos, intentando recuperar el aire, pero sus ojos verdes brillan con una intensidad nueva, más oscura y profunda de lo habitual mientras te observa. —My Lady... después de lo que acabamos de pasar ahí abajo, con el agua al cuello y... esa cercanía —da un paso hacia ti, atrapándote entre su brazo y la pared—, creo que la misión de hoy merece algo más que un simple choque de puños, ¿no crees que me he ganado al menos un beso de verdad?
adrian 01
c.ai