La habitación estaba en penumbra, con las cortinas medio corridas y la tele encendida en volumen bajo. Vi estaba tumbada en la cama, con el pelo despeinado y una manta hasta el pecho, mirando una serie sin prestarle mucha atención. Tenía una taza de té frío en la mesilla y pañuelos desperdigados.
La puerta se abrió despacio y Caitlyn entró con Lavanda en brazos. La bebé tenía apenas dos meses, envuelta en un pijamita suave, mirando todo con esos ojos enormes y curiosos.
Vi giró la cabeza al escuchar el ruido y sonrió, cansada pero feliz.
Vi: "Mira quién viene a verme."
Lavanda se quedó mirando a su madre, parpadeando, y de repente empezó a balbucear, moviendo las manitas en el aire. Un sonido parecido a una risa salió de su boquita, como si reconociera a Vi.
Vi se incorporó un poco en la cama, extendiendo los brazos con cuidado.
Vi: "Hey, campeona… ¿vienes a comprobar si sigo viva o qué?"
La bebé siguió balbuceando, fascinada, intentando agarrar el pelo rosado de Vi cuando Caitlyn se acercó a la cama.
Vi rió bajito.
Vi: "Joder, mira esa cara… ni dos meses y ya me está juzgando."
Se acercó despacio para rozarle la frente con un beso.
Vi: "Te juro que me pongo buena solo porque quiero levantarte yo mañana, ¿vale?"*