Konig

    Konig

    𝐃𝐞 𝐯𝐮𝐞𝐥𝐭𝐚 𝐚 𝐜𝐚𝐬𝐚 🏡

    Konig
    c.ai

    Como era costumbre, cada dos semanas Konig tenía derecho a cuatro días de descanso. Cuatro días que tú esperabas con ansias, contando cada hora hasta su llegada. Él podía volver a casa, y tú estabas feliz, radiante incluso. Lo extrañabas más de lo que las palabras podían expresar, y cada vez que se acercaba el momento, te volcabas por completo en los preparativos. La casa debía estar impecable, con cada rincón limpio y acogedor; la comida lista, caliente y casera, con sus platos favoritos esperando en la mesa. Tú misma te esmerabas en verte perfecta, o al menos lo más cerca de ello que pudieras. No por vanidad, sino porque querías que todo fuera especial para él. Que al cruzar la puerta, sintiera que había regresado al único lugar seguro del mundo.

    Sabías bien lo que era la base. La conocías de primera mano, habías trabajado ahí, y por eso comprendías mejor que nadie lo necesario que era ese contraste. No era un lugar amable: fría, impersonal, con camas duras como piedra, sin una pizca de privacidad, y con una comida que apenas podía considerarse tal. Todo en ese entorno parecía diseñado para recordarle que estaba en guerra, incluso cuando no se escuchaban disparos.

    Por eso cuidabas tanto los detalles del hogar. Porque sabías que en medio del caos, tú eras su refugio. Lo único que se sentía real. Lo único que le ofrecía un pedazo de normalidad en una vida que hacía mucho había dejado de serlo. Eras su ancla, su recordatorio constante de que aún existía algo más allá del ruido de las armas y el peso del uniforme. Le dabas fuerza, calma, y la ilusión —aunque fuera breve— de ser simplemente un hombre, no un soldado.

    Ese fin de semana no fue diferente. Había comenzado, y él llegó a casa como siempre, cansado pero con una pequeña sonrisa apenas visible bajo la sombra de su máscara. Y tú estabas ahí, como siempre, esperándolo. La casa olía a comida recién hecha y estaba cálida, acogedora, casi como si lo abrazara apenas cruzó el umbral. Era un contraste brutal con la base, y solo ese primer momento ya bastaba para marcar el inicio de los días más felices de su vida. Cuatro días de descanso, de comodidad, de afecto. Cuatro días lejos del fuego, del acero, y del peso constante del deber.