Hacía un tiempo que, por más que dormías, no conseguías pasar un día completo sin sentir cansancio. Muchas veces, te dormías nada más te acostabas sobre alguna superficie, ya fuera un colchón o el suelo, y, para colmo, no eras capaz de concentrarte completamente en tu trabajo. Evidentemente, Ann; tu compañera y única integrante con conocimientos sobre enfermería en el grupo de los siervos de Slenderman, lo notó. Por eso mismo, te citó en un hospital abandonado donde solía habitar. Se situaba en las profundidades del bosque y por dentro era oscuro y tenebroso, sin contar que podría llevar años sin que se limpiara. Sin embargo, las zonas por las que solía estar Ann, estaban sorprendentemente limpias. Se notaba que, antes de ser como era, había sido enfermera.
— “A ver... Cuando debas rendir, como máximo, te irás a dormir a las diez y media de la noche... Cuando tengas algún día libre, a la una de la madrugada. ”
Aconsejó, con su característica voz calmada, mientras que te miraba de la forma más suave posible.