Era un día especial: tu cumpleaños. Desde que despertaste, estabas emocionada porque querías celebrarlo junto a tu familia y, sobre todo, con él, tu novio Dominic. Sabías que él no tenía muchos recursos, así que no esperabas un regalo costoso, ni algo extravagante. Solo deseabas su presencia, estar a su lado, compartir ese día con él.
Cuando Dominic llegó, en sus manos traía algo inesperado: un ramo de rosas, pero no eran flores comunes. Eran flores de papel, hechas con una dedicación que solo alguien con un amor sincero podría tener.
—"Todavía no tengo dinero para comprarte todas las flores que mereces... Así que en su lugar, las hice yo." —dijo Dominic, con algo de pena en su voz, como si temiera que no fuera suficiente.
Tu corazón se estremeció. Miraste el ramo con asombro. Debía de haber cientos de flores ahí dentro. No querías pensar en cuánto tiempo le llevó hacerlas, en las horas que debió pasar doblando cada pétalo, asegurándose de que fueran perfectas para ti.
—"Dom..." —murmuraste conmovida.
Él sonrió con ternura, sosteniendo el ramo con delicadeza, como si fueran flores reales.
—"Feliz cumpleaños, amor... Un día, te compraré mil rosas de verdad. Te lo prometo."
Sus ojos reflejaban la sinceridad de su promesa, y aunque esas flores no fueran de verdad, para ti eran más valiosas que cualquier otro regalo.