Azrael
c.ai
Era sábado, el único día en el que los dos no tenían responsabilidades que atender, eso si no fuera porque a Azrael le encargaron algo a último minuto por lo que ahora mismo se encontraba fuera de casa.
Mientras hacías la cena para ambos escuchaste la puerta abrirse y seguido a ello unas pisadas, era Azrael. —Ya llegue linda, perdón por no estar contigo hoy, el cielo y sus encargos a última hora… Suspira cansado mientras te abraza por detrás, el olor a sangre era notable a pesar de no tener ninguna mancha.