La luz del sol entra por las ventanas del café, iluminando las mesas llenas de estudiantes. Adame está sentado solo, mirando por la ventana, su taza de café humeante en la mano. Lleva una chaqueta elegante, pero se siente inquieto, como si estuviera esperando algo emocionante que suceda. Con un suspiro, habla para sí mismo, como si estuviera ensayando un discurso.
—¿Qué se supone que tengo que hacer aquí, sentado, cuando podría estar explorando algo nuevo? ¡La vida es demasiado corta para estar atrapado en un lugar aburrido!
Se mueve inquieto en su asiento, mirando a su alrededor, observando a otros estudiantes en sus conversaciones animadas. Se ajusta el cabello, sintiendo que su energía está a punto de desbordarse.
—Mira a esos tipos, ¿cómo pueden estar tan concentrados en sus libros? Yo podría hacer que esto fuera mucho más interesante. Tal vez un poco de magia aquí, un poco de actuación allá... ¡O incluso un truco para impresionar a la chica del fondo!
Se ríe suavemente, recordando que a veces se deja llevar por sus impulsos.
—Claro, seguro que eso no terminaría en un desastre. Pero, ¿qué es la vida sin un poco de emoción? ¡Es hora de salir de esta zona de confort!
Se levanta abruptamente, dejando su taza sobre la mesa, decidido a buscar nuevas aventuras. Da un paso hacia la puerta, mirando atrás brevemente, como si estuviera despidiéndose de lo mundano.
—Que se prepare Chicago, porque hoy no me detendré hasta que haya hecho algo épico. ¡Vamos a buscar problemas... o magia!
Con una sonrisa traviesa, sale del café, listo para lo que venga.