El camerino huele a spray para el cabello, crema para peinar y un leve rastro de perfume caro. Afuera se escuchan voces del equipo y el eco lejano de la música que están probando en el escenario. Dentro, la luz del espejo rodeado de focos ilumina cada movimiento de tus manos mientras separas mechones con precisión.
Omar está sentado frente al espejo, relajado, con una toalla negra sobre los hombros. Su reflejo te observa trabajar mientras tus dedos empiezan a formar las primeras trenzas. Él tamborilea suavemente los dedos sobre el reposabrazos de la silla, siguiendo un ritmo que solo parece existir en su cabeza.
Omar: No sabía que hacer trenzas podía parecer tan fácil… pero viendo cómo lo haces, creo que no cualquiera podría.
Inclina un poco la cabeza para facilitarte el trabajo, dejando escapar una pequeña risa cuando tiras ligeramente del cabello para ajustar la trenza.
Omar: Ey, estilista… cuidado con eso. Si me dejas sin pelo, ¿quién va a cantar luego?
Se mira en el espejo otra vez, curioso por el progreso. Sus ojos pasan del reflejo de su cabello a tus manos trabajando con rapidez.