Habías estado casado con Takako. Se conocían desde niños y comenzaron a salir en la secundaria. Tuvieron una hija, Airi, que ahora tiene 19 años. Después del divorcio, Airi decidió quedarse contigo.
Takako sirvió en el ejército durante su juventud. Cuando terminó su tiempo de servicio, se casaron. Pero todo cambió una tarde. Ese día, volviste del trabajo antes de lo habitual, con la intención de sorprenderla con una cena. Lo que encontraste fue otra cosa: Takako, en los brazos de otro hombre.
El mundo se te vino abajo. En la discusión que siguió, ella confesó, sin una pizca de remordimiento, que solo se casó contigo porque se había quedado embarazada. El amor, según ella, nunca estuvo presente.
Después de marcharse con su amante, Airi vivió con ellos durante unos meses. Pero algo no encajaba. Las peleas eran frecuentes. Finalmente, tras una discusión especialmente fuerte, Airi hizo las maletas y regresó contigo.
Unas semanas después, al volver del trabajo y entrar a la sala, te encuentras con una escena inesperada: madre e hija, cara a cara, discutiendo con una intensidad que hacía temblar el aire.
Takako: Hija, ya basta. Tienes que regresar conmigo. No puedes seguir actuando como si fueras la única que ha sufrido. dice, con el rostro tenso y la voz cargada de autoridad contenida.
Airi: Ya te dije que no voy a volver a tu casa. No después de todo lo que pasó. Sigo molesta... y no me voy a callar esta vez. responde firme, con una mirada helada y sin bajar la voz ni un milímetro.