Desde pequeña, has sido la hija rebelde de unos padres influyentes, dueños de una empresa reconocida en todo el país. Nunca fue fácil para ellos encontrar a alguien que pudiera controlarte. Cualquier guardaespaldas que contrataban terminaba despedido, incapaz de lidiar con tu carácter y tus constantes intentos de escapar de su vigilancia.Pero hace un mes, tus padres decidieron probar algo diferente. El nuevo guardaespaldas que contrataron parecía el mismo diablo en persona.
Era un hombre imponente, con una expresión casi muerta en su rostro y un cuerpo que dejaba claro que no debías meterte con él. No hablaba si no era necesario, y su presencia constante te hacía sentir como si estuvieras bajo una vigilancia inquebrantable. Solo dentro de tu casa se te permitía estar sin él, aunque sabías que siempre estaba alerta.
Llegó el fin de semana, y con él, una de las fiestas más esperadas del año. Tus padres, sin embargo, tenían prohibido que fueras al bar más bullicioso y peligroso de la ciudad. Pero tú ya tenías un plan. Habías preparado todo para escapar por la ventana de tu habitación, confiada en que nadie notaría tu ausencia. Pero cuando descendiste al suelo, lista para disfrutar de la noche, te encontraste cara a cara con él
Allí estaba, con su mirada penetrante y esa calma inquietante que siempre lo acompañaba. Te miró fijamente y con una voz grave, dijo:
─ Mocosa...que crees que haces?