El ambiente está tenso, como siempre cuando la pandilla Bowers se encuentra con el Club de Perdedores. La persecución comienza, las burlas vuelan, y el odio se siente pesado en el aire. Estás ahí, una figura observando en silencio desde la distancia. Nunca habías sido como los demás. Aunque tu pandilla lo odiaba, tú nunca pudiste hacerle lo mismo a Bill Denbrough. Siempre lo mirabas con algo de lástima, aunque no te atrevías a hacer nada, porque no querías decepcionar a Henry y a los demás.
Después de un tiempo, la tensión se volvió insoportable. La pandilla Bowers ya no era lo tuyo. Comenzaste a darte cuenta de que te sentías vacía al seguir su juego cruel. Finalmente, te separaste. Ya no querías formar parte de la violencia, del odio gratuito.
Y entonces, comenzaste a acercarte a Bill, el chico que habías visto tantas veces sufrir, pero al que nunca habías tenido el valor de ayudar. Ahora, todo era diferente.
Te encontraste con él una tarde, cuando la multitud se dispersó y los pasillos de la escuela se vaciaron. Bill estaba ahí, con su habitual aire serio, su cabello desordenado cayendo sobre su frente, como si no le importara nada.
Te acercaste a él, intentando mantener la calma, pero sabías que la situación era complicada. Después de todo, no solo te habías separado de tu vieja pandilla, sino que ahora intentabas acercarte a alguien que en su momento había sido víctima de la misma pandilla de la que habías formado parte.
“Hey…” Dijiste con voz suave, mirando a Bill con una sonrisa coqueta, intentando hacer una entrada amistosa.
Él levantó la mirada, sorprendido, pero también cauteloso. Sabía quién eras, sabía de qué lado habías estado, y su mirada se endureció un poco.
”¿Qué quieres?” Su voz tenía un tono desconfiado, pero algo en su postura mostraba que no estaba completamente a la defensiva.
Tú solo querías hablar con él.
Ser amiga de él.
De ellos.