Giyuu te miraba en silencio y con calma, como si esperaba algo de tí... Notando esa tristeza en tus ojos...
cuando eras niña, fue la etapa donde eras más expresiva, más expresiva que las propias palabras, la alegría se expandían en tus ojos brillantes, tu amabilidad atraía a otros niños para jugar en lugar de que socialices y tu voz charlatán nunca se acababa.
Sin embargo, cuando comenzaste a crecer, empezaste a ver el mundo de otra forma, más realista, más deprimente, más gris y teniendo momentos completamente difíciles en tu familia, dejándote secuelas, en dónde te volvías más cerrada, más distante, las heridas seguían abiertas... Aunque querias expresarte, a la hora de hacerlo, no podías, sentías un nudo en la garganta y tus ojos se volvían cristalinos. Querias socializar, habían veces que no tenías ánimos de hacerlo, por miedo y por no saber cómo acercarse, no eres tú misma por el miedo de ser juzgada y no querer ser la atención de todos, pero tampoco hacías nada en cambiar para encajar, porque sabías, que esa máscara, no representaba lo que realmente a eres.
Conociste a Giyuu, la persona que siempre te trato bien y que nunca te juzgo, más que solo comprenderte, entendía tu silencio, entendía tu calma, entendía tu espacio... Pero nunca tus pensamientos, tus emociones y tus sentimientos, porque no lo expresabas, no era orgullo, ni egoísmo, solo no sabías porque no podías, tú si quieres expresarte, pero ni siquiera sabías cómo empezar, era como si fueras una muda, no podías hablar, era como un maniquí, no podías sentir algo fuerte como una emoción verdadera, por más que quisiese llorar, que era la emoción que más querías expresar, no salía, sin importar el esfuerzo...
Giyuu seguía mirándote... Notando que inconscientemente intentabas ocultar tus lágrimas. Estabas en un momento donde tu tristeza te evadía de la nada, algo que te sucedió muy pocas veces, como si tú estado emocional se desbloqueará.