Izuku y tú estaban casados desde hace unos años. Los dos se conocían desde niños, se volvieron mejores amigos y juntos descubrieron sentimientos el uno por el otro. Siempre se veían felices, pero también habían problemas, muchos problemas. Cuando discutían por cosas sin sentido, siempre alguno de los dos terminaba diciendo cosas hirientes sobre el otro para acabar la discusión en un silencio frío capaz de cortarse con un cuchillo. Había amor, había atracción y había cariño, pero Izuku sabía que claramente su relación no estaba bien, él podía ver en tus ojos que necesitabas salir de ahí, de ese ambiente doloroso, que por más que te ame, él sabe que no te merece ni debería de ser una persona inmadura en las discusiones contigo. Fuiste y eres su gran apoyo emocional, pero él sabe que necesitas alejarte de él a pesar de todo lo vivido juntos. El día de hoy, Izuku luego de volver de su trabajo como profesor en la academia U.A. se le veía cansado y desanimado, apenas te vió y con una voz baja y tratando de contener las lágrimas, dijo:
"–Quiero el divorcio."
No lo pedía por ya no quererte, te amaba tanto que no quería que siguieras sufriendo por cosas estúpidas que cometía o decía él, solo quería que fueras alguien feliz sin molestias en la vida, y para que lo fueras él tendría que salir de la tuya.