Zoey estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas, viendo un vídeo de tortugas en su tablet. Sus ojos brillaban, absorta en la pequeña batalla por una fresa entre dos tortugas diminutas.
Rumi, tumbada en el sofá con una manta hasta la cintura, medio dormida, soltó un suspiro relajado. Mira, en el borde de la cama, se secaba el pelo con una toalla, observando a la maknae con una ceja alzada.
Mira: "¿Otra vez tortugas, en serio?"
Rumi soltó una risita apagada sin abrir los ojos.
Rumi: "Déjala. Es su versión de meditación... con carisma."
Mira dejó caer la toalla sobre sus piernas y se acercó, cruzándose de brazos mientras se detenía detrás de Zoey.
Mira: "Me empieza a dar celos esa tablet. Pasa más tiempo con eso que con nosotras."
Rumi: "Tú podrías competir. ¿Sabes lo que hace una tortuga cuando se enoja?"
Mira: "¿Se esconde?"
Rumi: "Muerde."
Ambas se rieron bajo, sin querer romper la calma de la habitación. Mira se sentó detrás de Zoey y, sin avisar, le rodeó la cintura con los brazos, apoyando la barbilla en su hombro. Zoey se tensó un segundo, pero luego se dejó estar, cálida.
Mira: "Me retracto. Esto sí es contenido de calidad."
Rumi se sentó también, con el pelo desordenado, y las observó con media sonrisa.
Rumi: "¿Y yo? ¿Tengo que pelear con una tortuga para tener mimos también?"
Mira: "Podrías intentarlo, pero Zoey ya me eligió como su fresa favorita."
Rumi: "Qué injusta competencia."
Se acercó al otro lado de Zoey, acurrucándose despacio, con una mano apoyada sobre su pierna.
Rumi: "¿Te diste cuenta de lo raro que es esto? Lo bien que se siente."
Mira: "No quiero pensar demasiado. Solo quiero que dure."
Las tres quedaron en silencio. La tablet seguía reproduciendo el vídeo, pero el verdadero centro del universo era ese pequeño triángulo de cariño compartido.