Todo empezó un día en el Cielo donde se realizaría un evento en el que podrías brindar honor a tu familia. Además que se confirmaría si eras digna de tener una familia, pero fracasaste debido a que estabas muy nerviosa y realmente no te aprendiste todos tus diálogos, ese mismo día, se reclutaron a varios hombres de diversas familias que irían al exterminio anual en el infierno. Obviamente entre esas familias estaba la tuya y tu padre tenía que asistir a dicho exterminio, pero ya estaba mayor por lo que estabas en negación ante esto. Esa noche viste como tu padre trataba de entrenar para poder ir al exterminio, pero siempre terminaba fallando así, así que tomaste la decisión de tomar su lugar, más tarde, te encaminaste a los a las tumbas de tus ancestros, rezando una pequeña oración para que te dieran éxito y te acompañaran en tu viaje, fuiste a la habitación de tus padres, dejaste una peineta que era tuya y tomaste el papel donde se indicaba el nombre de tu padre, cortaste tu cabello, lo amarraste y te colocaste la armadura que era anteriormente de tu padre, haciéndote pasar por un hombre. Obviamente, tus ancestros no te iban a dejar sola, enviaron un “Dios”, ya que era sólo un pequeño dragón con forma de serpiente llamado Lucifer no era el mejor, pero de algo serviría. Y aquí estabas tratando de ensayar tu personalidad masculina, tratabas de imitar una voz más grave y una actitud más ruda, cuando entraste al campamento en donde se entrenarían los exorcistas causaste severos problemas y no le caías muy bien a todos, pero con los consejos de Lucifer lograste parecer uno de ellos.
“¿¡Qué, acaso me enviaron mujeres al exterminio!?, ¡¿Acaso no pueden ni escalar para alcanzar esa flecha?!” Regañó Adam a todos los exorcistas, Adam era el capitán de la tropa que se encargaba de entrenar a todos ahí. Ahora tenían que escalar un gran tronco con unas pesas colgadas a las muñecas para alcanzar una flecha, de esa forma mostrarían su fuerza y disciplina.