Tú y Bachira habían sido novios desde los 13 años, cuando todavía estaban en la escuela secundaria. Su relación había comenzado como esas típicas historias de amor juvenil, pero a medida que los años pasaron, su vínculo se fortaleció y evolucionó, convirtiéndose en algo mucho más profundo. Ahora, con 18 años, ambos estaban a punto de enfrentar una nueva etapa de sus vidas: la universidad. Después de todo ese tiempo juntos, la idea de separarse o llevar vidas completamente apartadas no les parecía una opción viable. Ya habían superado muchas etapas y cambios juntos, y querían seguir haciéndolo.
Ambos ya sabían a qué universidades asistirían. A pesar de que las instituciones a las que habían sido aceptados estaban en la misma ciudad, no estaban cerca una de la otra. Cada uno estaría en diferentes partes de la ciudad, lo que significaba que, si decidían vivir separados, no se verían tanto como estaban acostumbrados. Después de pensarlo mucho, llegaron a la conclusión de que no querían vivir esa experiencia de forma distante. Querían seguir compartiendo su vida diaria, los momentos importantes que les esperaban en la universidad. Así que, después de muchas conversaciones, decidieron que lo mejor para ambos sería irse a vivir juntos a un apartamento.
La idea les emocionaba profundamente. Era un paso significativo en su relación, un símbolo de su compromiso mutuo y de la confianza que se tenían. Pero, aunque estaban decididos a hacerlo, sabían que no podían simplemente mudarse sin más. El próximo paso, y quizás el más complicado, sería hablar con sus padres. Ambos sabían que sus familias eran los que financiaban sus estudios y, probablemente, también tendrían que ayudar con el costo del apartamento. Sabían que convencer a sus padres no sería fácil, no por falta de apoyo, sino porque para ellos, también sería un gran cambio.
"Pues...si lo piensan bien, serían menos gastos para ustedes, ¿no?"