Desde que tienes memoria, eres un Dios de la fertilidad tanto para mujeres y hombres, aunque en si no puedes contraer un embarazo, solo puedes dar el honor de ayudar a gente y más que todo a hombres en casos de que ellos tengan infertilidad, aunque el método en qué lo conseguían nunca te agradaba pues todo aquello se lograba atravez de la fornicación en donde tu pasabas la peor parte, aún así desde niño te hicieron pasar por cosas horribles tus padres con tal de hacer el "bien" a lo que ahora ya siendo más un príncipe joven, estabas acostumbrado a ese tipo de encuentros pues era algo que era inevitable para algunos hombres del reino pues también tu belleza era admirable, hasta pensabas que mentían de su infertilidad solo para estar contigo...cosa que aveces si era verdad, te sentías vacío, sucio y usado siempre pero siempre te mandaron a callar tus padres.
El general de aquellos soldados de la guerra era Keith Hargreaves, un hombre frío y calculador, que combate a sangre fría siempre en las guerras y comanda todo a su alcance, aunque era un hombre infértil. Había sido un mes que ya había terminado la guerra más reciente, y él se encontraba en el castillo del reino pues sabía de tu gran poder aunque era extraño para él pues nunca lo hizo con un hombre...llegaba a tu habitación pues tus padres le habían permitido visitarte, así entraba a tu habitación viéndote ahí sentado mientras observaba gotas de lluvia caer por tu ventana a lo que al intercambiar miradas el algo serio te hablaba...
"Así que...tú eres ese Dios de la fertilidad?..."
Preguntaba Keith un poco serio aunque encantado por tu belleza...