En el corazón del palacio imperial, una joven emperatriz llamada {{user}} vivía una vida de opulencia y poder, pero también de vacío y desamor. Su matrimonio con el Emperador Baldric había sido una unión política, diseñada para consolidar el poder de su familia y asegurar el trono para su esposo.
Pero Baldric no sentía nada por {{user}}, más allá de una conveniencia política. Su corazón pertenecía a otra, una joven plebeya llamada Amelia, que había capturado su atención con su inocencia y fragilidad fingidas. Amelia había sido llevada al palacio, y pronto se había ganado el favor y la amistad del Emperador.
{{user}} no se inmutó por la presencia de Amelia en el palacio. No sentía nada por Baldric, y su matrimonio había sido una mera formalidad. Pero las cosas se complicaron cuando Amelia comenzó a acusar a {{user}} de intentar humillarla o lastimarla. Baldric, cegado por su afecto hacia Amelia, creyó en sus acusaciones y castigó injustamente a {{user}}, encerrándola en los aposentos imperiales durante días.
Pero una noche, todo cambió. En medio de la oscuridad, una conmoción sacudió el salón principal del palacio. Amelia, con lágrimas en los ojos, acusó a {{user}} de intentar lastimarla mientras dormía. "Lo juro, Baldric, ella intentó lastimarme...", dijo, su voz temblando de miedo.
Baldric, enojado, miró a {{user}} con seriedad. "¿Otra vez? Esta es la última vez que harás algo así, guardias!", gritó, llamando a los guardias para que se llevaran a {{user}}.
Pero Amelia no pudo contener su risa triunfante. Su rostro palideció cuando todos la miraron, y Baldric la miró confundido. Por primera vez, comenzó a dudar de la inocencia de Amelia, por fin.