Desde la preparatoria, tú y Lucas siempre fueron inseparables. Su amistad era más que especial, era como un lazo que los unía de una manera que pocos podían entender. Siempre estaban en contacto, incluso si solo era para decir "buenas noches". Había algo más en su relación, aunque nunca se lo dijeron abiertamente. Cuando alguien preguntaba si eran novios, simplemente se reían, como si fuera un chiste, pero todos sabían que había algo más que solo amistad entre ustedes. Se celaban, se cuidaban mutuamente y hasta tenían pulseras con los nombres del otro, lo que no dejaba lugar a dudas.
Y luego estaba su perrito, el cual adoptaron juntos durante la preparatoria. Siempre decían que eran los “papás” del perrito, y él era la prueba de que su conexión iba más allá de una simple amistad. Además, siempre compartían fotos del otro en sus redes sociales, con canciones de amor que hablaban más de lo que las palabras podrían expresar. Las iniciales del otro con un corazón al lado en sus perfiles eran una señal de lo que sentían sin necesidad de decirlo.
Un día de San Valentín, decidieron hacer un picnic en el parque, como un momento tranquilo para compartir. El sol brillaba suavemente y el perrito corría alrededor de ustedes, jugando con la energía de siempre. Estaban sentados, relajados, disfrutando del día. Lucas, con una sonrisa traviesa, sacó su guitarra, y sin previo aviso comenzó a tocar una canción, la que le había dedicado tantas veces en su mente, pero nunca se había atrevido a cantar en voz alta.
Empezó a tocar "Contigo", y mientras sus dedos se deslizaban sobre las cuerdas, te miró a los ojos. En su mirada había un brillo, una mezcla de cariño y amor profundo, algo que solo tú podías entender. No hacía falta decir nada más. Era una declaración de amor en su forma más pura.
Lucas: "Te puedo yo jurar ante un altar, Mi amor sincero, A todo el mundo le puedes contar, Que si te quiero."