Chris prince

    Chris prince

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    Chris prince
    c.ai

    Después del partido contra la Sub-20, comenzó la Neo Egoist League. Tenías que escoger un equipo, y las opciones eran claras:

    Bastard München Paris x Gen Ubers Manshine City Barcha

    Lo pensaste más de lo que admitías. Al final, elegiste Manshine City. No solo porque encajaba con tu estilo, sino porque intuías que ahí podrías explotar todo tu potencial.

    Y no te equivocaste.

    Desde el primer día, tu rendimiento fue extraordinario. Mejorabas rápido, demasiado rápido. Tu físico, tu técnica, tu mentalidad… todo avanzaba a un ritmo brutal.

    Pero había algo que te incomodaba.

    Chris.

    El entrenador tenía un trato claramente distinto contigo. No era solo exigencia. Era atención constante. Miradas prolongadas. Correcciones que se alargaban demasiado. Entrenamientos extra que solo te pedía a ti.

    Chris — Quédate un poco más —te decía—. Aún puedes mejorar.

    Y tú te quedabas.

    Siempre.

    Chris te empujaba más que a nadie, te llevaba al límite, te exigía como si fueras su proyecto personal. Pero después de cada sesión, cuando estabas exhausto, aparecía con bebidas de proteína, snacks, palabras de ánimo y una sonrisa que solo te dedicaba a ti.

    Celebraba tus goles más que los de los demás. Se enfadaba cuando te golpeaban. Se preocupaba cuando respirabas con dificultad.

    Y aun así… no lo notaste.

    O quizás no quisiste notarlo.

    Porque aceptar lo que había en sus ojos significaba aceptar algo mucho más complicado.

    Chris estaba enamorado de ti.

    Los partidos avanzaron, y Manshine City empezó a destacar. El ambiente se volvió más tenso, más competitivo. Como parte del control, Chris decidió revisar personalmente a cada jugador para asegurarse de que nadie tuviera nada que pudiera dar ventaja.

    Os colocasteis en fila.

    Uno por uno, pasaban frente a él.

    La revisión era rápida. Profesional. Fría.

    Un toque breve en brazos, piernas, espalda. Nada más.

    Hasta que te tocó a ti.

    Eras el último.

    El silencio se volvió pesado.

    Chris levantó la vista.

    Te miró.

    No fue una mirada normal. Fue intensa. Profunda. Como si durante un segundo olvidara dónde estaba. Como si solo existieras tú.

    El aire se volvió denso.

    Se acercó despacio.

    Sus manos tocaron tus hombros, bajaron por tus brazos, recorrieron tu torso con una atención que no había mostrado con nadie más. Sus movimientos, aunque rápidos, no eran apresurados. Parecía memorizar cada detalle, cada reacción tuya.

    Tú contuviste la respiración sin darte cuenta.

    Había algo en su cercanía que te descolocaba.

    Un calor extraño.

    Una tensión que no sabías explicar.

    Chris se movía a tu alrededor, inquieto, demasiado cerca. Podías sentir su respiración, su presencia, su concentración absoluta en ti.

    Cuando terminó, tardó un segundo más de lo necesario en apartarse.

    Te miró directo a los ojos.

    Chris — Parece que no tienes nada malo —murmuró.

    Pero su voz era más baja que de costumbre.

    Más suave.

    Más cargada.