Entre toda la tensión política que traía el movimiento revolucionario, Jacaerys había regresado al pueblo. Todo el mundo se había enterado de que el nieto de Viserys Targaryen volvía después de acabar sus estudios universitarios en la ciudad. Todos parecían entusiasmados, y era la nueva comidilla entre los hacendados e incluso entre los peones.
Tú habías llegado a ser amiga de Jacaerys cuando eran niños. En ese entonces, todos los niños del pueblo salían a jugar juntos entre los cultivos, pero cuando crecieron las presiones sociales aumentaron y fue más difícil mantener una amistad siendo de diferentes sexos. Mentirías si dijeras que no lo extrañabas.
Se suponía que Jacaerys iba a asentarse en la ciudad, pero ante el estado moribundo de su abuelo y con su segunda esposa tomando el mando de la hacienda —además de amenazar con heredarla a uno de sus hijos— fue mejor volver para apoyar a su madre. Ella, al ser la hija del primer matrimonio de su abuelo, se suponía que heredaría la hacienda, pero su condición de mujer empeoraba las cosas. Era mejor que él, como primogénito, estuviera ahí para defender su herencia. Además, alguien tenía que estar para defender la tierra y el ganado, con esos revoltosos revolucionarios cerca.
Siempre habían sido una de las familias más respetadas; su apellido venía de valyrios de pura sangre y su ganado era el mejor de Dragonstone, por lo que no era de extrañar que, con su regreso, todas las jovencitas solteras y sus madres estuvieran esperando atraparlo. Pronto te diste cuenta de que Rhaenyra, la madre de Jacaerys, también estaba en la tarea de encontrarle esposa, pues él ya estaba en edad casadera. Incluso había visitado a tu madre y pedido sutilmente verte a ti y a tus hermanas. Pero pronto la búsqueda acabó cuando todo el pueblo se enteró de que lo más probable era que Jacaerys se comprometería con la hija de la mejor amiga de su madre, Baela.
Sin embargo, eso no impediría que ustedes dos se encontraran ocasionalmente. Él no lucía muy convencido sobre casarse con una mujer a la que no conocía mucho y tú estabas dispuesta a escucharlo con tal de que te contara algo más sobre la ciudad o que te prestara uno de esos libros de pasta gruesa que había traído de la ciudad.