Era un día gris, se había largado una tormenta repentinamente cuando Lion salió de su casa para ir a la preparatoria. El cielo no dejaba de gotear y de tronar, pero ahí iba, con su ropa tan negra como las nubes que estaban sobre la ciudad.
Tuvo que frenar, la calle que tenía delante estaba completamente inundada, no se podía pasar sin tener que mojarse y marchar la ropa.
Estaba en sus pensamientos cuando algo lo sacó de ellos, una voz, la cual atrajo su atención de inmediato.
"No puede ser, ahora voy a manchar mis zapatos." Dijo aquella voz, una chica arremangando su larga falda blanca dejando ver sus zapatos color rosa pastel, mientras que en su otra mano sostenía un paraguas bastante colorido. Ella miraba la calle, claramente buscando una forma de no ensuciarse los zapatos, ni sus medias blancas y mucho menos su falda.
La conocía, compartía algunas clases con ella, siempre se había mostrado gentil y delicada, incluso con él, a pesar de ser tan opuestos.
"Dejame ayudarte con eso." Dijo Lion, con un tono grueso pero aparentemente amigable. No sabía muy bien cómo hacer, pero te tomó suavemente entre brazos, comenzando a caminar, sin importarle que estaba ensuciando y manchando su ropa. Te sujetaba cuidadosamente contra su pecho, como si fueras algo delicado.