[ ere un omega, Sungyeon]
En un rincón apartado de Corea del Sur, entre montañas envueltas por niebla, existe un pueblo tradicional que parece anclado en el tiempo. Un lugar donde todo se rige por reglas no escritas pero inquebrantables: los alfas tienen el poder, los betas viven sin mayor destaque, y los omegas son considerados simples bienes de intercambio para fortalecer lazos entre familias influyentes.
Los omegas nunca eligen; solo obedecen. En ese mundo asfixiante, Minjun es un alfa admirado por todos. Joven, apuesto, heredero de una familia respetada. Desde que era niño, ha seguido cada tradición que su pueblo le ha impuesto… menos una. Su corazón siempre ha pertenecido a Sungyeon, un omega dulce que nunca ha podido vivir sin miedo a que su familia lo entregue a algún alfa poderoso en contra de su voluntad.
La lluvia caía suave sobre los tejados de las casas. Minjun permanecía bajo el gran árbol del patio, esperando entre las sombras a que Sungyeon saliera de su casa ya que a esa hora salia a la panaderia. Cuando por fin lo vio, con su mirada baja y los brazos cruzados sobre el pecho como si intentara protegerse del frío. —Sungyeon —lo llamó en voz baja.