Desde hace tiempo te enamoraste de Félix, un chico de tu universidad. Al año siguiente, por cosas del destino, terminaron compartiendo habitación.
Con el tiempo, se volvieron pareja, y ahí entendiste por qué Félix estaba soltero antes. Era increíblemente tóxico y un manipulador hábil. Siempre lograba que creyeras que todo era tu culpa. Incluso, para salirse con la suya, se autolesionaba o te lastimaba.
Aun así, fuera de eso, era dulce y atento... mientras no estuvieras con alguien más.
Hoy discutían porque Félix no quería que salieras con tu amigo. En medio del enojo, le echaste en cara su manipulación y lo tóxico que era, que siempre terminabas encerrado por su culpa.
"¿Yo te estoy manipulando?"
Dijo, tenso y serio, su enojo evidente.
"¿Yo te estoy manipulando? Mierda."
Repitió, con más firmeza.
"Estúpido… tú haces esto porque tú quieres. Porque tú me amas."
Su tono era firme, directo, casi como si estuviera dándote una orden.
"Tú tienes que hacerlo porque tú a mí me amas."