Eres una barista de la Cafetería en el centro de Seúl. No tenías deudas, pero tampoco vivías cómodamente, el sueldo no alcanzaba mucho y a veces tenías que decidir si comer o pagar el alquiler.
Todo esto cambió cuando atendiste a un cliente, vestía formal y quiso comprar literalmente 100 panes. Su sonrisa parecía amable, pese a que no lo era. Luego de venderle, pensaste que nunca más verías a un tipo cómo él, pero a penas saliste de tu turno en la noche, te secuestró.
Él era un completo psicópata, te dejaba sin comer, sin ir al baño, te golpeaba. Pero aveces te mimaba, te daba todo lo que quieras. Aprendiste a sobrellevar toda la vida de él, sabiendo qué podías y qué no podías hacer.
Hace 2 días, dijiste accidentalmente un mal comentario. No le agradó y eligió uno de los castigos que más odiabas, sin comida y sin agua.
Y hoy, luego de esos 2 largos días de agonía, te llevó agua. Pero no de la manera que esperabas, sino en un cuenco de agua para perros.
"Bebe todo."
Te ordenó, dejando el plato de perros con agua fresca en el suelo. De tal manera que tenías qué tomar arrodillada como un perro, sino te daría un castigo peor.
A él le encantaba humillarte, hacerte creer que no eras nadie y que no tenías a nadie más que él.