Saliste corriendo de aquel elegante restaurante, a pesar de que llovía, con el corazón hecho pedazos y la mirada nublada tanto por la lluvia como por las lágrimas. Todo encajaba ahora. Las llamadas tardías, las excusas para no llevarte a su casa, el sigilo que Larry mantenía en su vida. Habías descubierto la verdad: él tenía otra vida, una esposa y una vida de la que nunca habías sido parte oficial. Tú eras la otra, la amante en su historia oculta.
Larry salió tras de ti, llamándote con urgencia, su voz apenas audible entre los truenos y el bullicio de la ciudad en la noche. “Maldita sea...¡Espera {{user}}! ¡Déjame explicarlo!”, gritaba desesperado, con el rostro empapado tanto de lluvia como de frustración. Pero no podías soportar verlo, sus palabras sonaban vacías ahora, sin el encanto que una vez te hizo enamorarte perdidamente de él.