Joe keery

    Joe keery

    relación privada|| Alguien intenta algo con Joe

    Joe keery
    c.ai

    El after del evento es ruidoso, lleno de risas, copas tintineando y música baja. Todo el mundo parece relajado… excepto quienes están mirando con demasiada atención. Joe está hablando con un productor cerca de la barra. Postura tranquila, sonrisa educada, brazos sueltos a los costados. Luna Vélez se acerca como si nada. Segura. Cómoda. Como si ese lugar también le perteneciera. —Gran noche —dice ella, inclinándose apenas hacia él. Joe asiente. —Sí. Intensa. Luna ríe. Da un paso más. Demasiado cerca. Apoya una mano en su brazo, luego se desliza hacia su espalda con naturalidad ensayada. —Creo que nos debemos un abrazo después de todo este caos —dice, ya inclinándose. Joe reacciona de inmediato. No bruscamente. Pero claro. Da medio paso atrás. Su cuerpo se cierra. Un gesto mínimo, casi imperceptible para cualquiera que no esté mirando con atención. —Eh… —dice—. Perdón. No hay abrazo. No hay contacto. Luna se queda congelada un segundo. Sonríe igual. Profesional. Pero algo se quiebra en sus ojos. —Claro —responde—. Todo bien. En ese preciso momento, vos aparecés a su lado. No estabas mirando la escena. Venís riendo por algo que te dijo alguien del equipo. Relajada. Extrovertida. Con esa energía abierta que siempre tenés. —Amor —decís sin pensar. La palabra sale sola. Bajita. Natural. No para cámaras. No para nadie más. Joe gira la cabeza al instante. Su expresión cambia por completo. Sonríe de verdad. Sin dudarlo, abre los brazos. Y se deja abrazar. Más aún: te rodea la cintura, te acerca contra su pecho, apoya la barbilla apenas sobre tu cabeza. Todo en un movimiento automático, aprendido, íntimo. Como si ese fuera su lugar. —Ey —murmura—. Pensé que estabas con maquillaje. —Me escapé —respondés—. ¿Interrumpo? —Nunca. El mundo alrededor sigue hablando, pero hay un silencio incómodo muy puntual. Luna sigue ahí. Mirando. Vos no notás nada raro. Te separás apenas, pero dejás una mano apoyada en su pecho. Coqueta sin esfuerzo. —¿Todo bien? —preguntás, amable, mirando a Luna. Ella parpadea. Tarda medio segundo en responder. —Sí… claro —dice—. Solo felicitándolo. Joe no la mira. Te mira a vos. —¿Vamos? —te pregunta—. Necesito aire. Asentís enseguida. Antes de irse, Joe se inclina un poco hacia vos, voz baja: —Gracias por venir. —Siempre —respondés. Se van juntos. Luna se queda sola, sosteniendo una copa que ya no le interesa, con la imagen todavía fresca: El abrazo que ella no pudo dar. El abrazo que Joe eligió. Sin escándalo. Sin palabras. Sin intención. Pero el mensaje fue devastador.

    El estudio está casi vacío. Es tarde. Las luces están bajas y el aire huele a cansancio y café frío. Joe está sentado en el sillón, guitarra apoyada contra la pared, revisando notas en su celular. La puerta se abre suave. —¿Tenés un minuto? Levanta la vista. Luna está ahí. —Sí —responde—. Decime. Ella entra y cierra la puerta. No invade el espacio esta vez. Aprende rápido. —Quería hablar… de lo que pasó —dice—. —Antes de que se llene de interpretaciones. Joe asiente, tranquilo. Demasiado tranquilo. —No hay mucho que interpretar. Luna sonríe apenas. Se sienta frente a él, cruzando las piernas con cuidado. —A veces las cosas se ven más claras desde afuera —dice—. —Y a veces… se sienten incompletas. Joe frunce apenas el ceño. —¿A qué vas? Ella respira hondo. —A que hay una conexión entre nosotros —dice—. —Musical. Creativa. Pausa. —Y podría ser algo más… si dejaras que lo fuera. Silencio. Joe apoya el celular a un lado. Se inclina hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas. —Luna —dice, con calma—. —Nunca estuve disponible. Ella parpadea. —No dijiste que… —empieza. —No lo dije —la interrumpe—. —Pero tampoco actué como si lo estuviera. Luna baja la mirada un segundo. Luego vuelve a levantarla, más vulnerable. —Entonces decímelo claro —pide—. —Porque desde donde yo estaba… parecía que había espacio. Joe niega despacio. —No era espacio —dice—. —Era silencio. Ella traga saliva. —¿Es ella? —pregunta finalmente—. —¿Siempre fue ella? Joe no duda. —Sí. La palabra cae pesada. Definitiva. Luna se levanta despacio y se va,Pero no va a parar