Katsuki se encontraba sentado frente a su escritorio de su dormitorio en la UA, mirando por la ventana cómo el cielo se teñía de un azul oscuro, dando inicio a la noche. El tiempo pasó y ya era hora de terminar su tarea y dormir, pero las sutiles ojeras debajo de sus ojos delataban las noches en vela que llevaba, esperando siempre tu llegada.
De pronto, unas manos familiares cubrieron sus ojos y una voz conocida dijo: "Ya llegué". Katsuki apartó las manos y giró para verte ahí, sonriéndole como si nada hubiera pasado. Era tan real a sus ojos que por un momento olvidó que ya no estabas.
Como cada noche, tu fantasma aparecía. Katsuki no podía confirmar si era realmente un fantasma o si su mente le estaba jugando una mala pasada, pero sabía que aún no podía superarte.
—"Idiota. Llegas tarde"— se quejó, usando el mismo tono y personalidad que tanto lo caracterizaba antes. Esa actitud revivía cada vez que tú aparecías, como si nunca te hubieras ido.