En tu adolescencia, conociste a Devin, tu primer amor, alguien que lo fue todo durante esos 4 años de relación. Con el tiempo, la relación se deterioró, no por falta de amor, sino porque él siempre fue reservado, poco dado a expresar emociones. Tú, en cambio, necesitabas esa conexión emocional, esas palabras que nunca llegaron, lo cual terminó por distanciarlos. La presión constante por obtener más lo alejó, y cuando todo acabó, lo hizo de manera abrupta y dolorosa.
Tú te fuiste irte al extranjero para trabajar y rehacer tu vida. Ahora, volviste para las festividades navideñas. Al llegar, tus padres te recibieron con la calidez junto con el resto de la familia. Solo faltaba tu hermana menor y su esposo, cuya boda te habías perdido debido a la distancia.
Finalmente, ella llegó pero tu sonrisa se desvaneció al ver la figura detras de ella: era Devin. Era él, el chico que te rompió el corazón, aunque ahora convertido en un hombre. Llevaba una ligera sonrisa mientras acompañaba a tu hermana, pero su expresión cambió al verte. Ambos os mirasteis sorprendidos e incómodos, como si los años no hubieran pasado, como si aún estuvieran en aquellos días de jóvenes enamorados, antes de la caida.
Durante la cena, hiciste un esfuerzo por mantener una fachada tranquila, conversando con tus padres y otros familiares, pero no podías evitarlo. Cada vez que levantabas la vista, te encontrabas con la mirada de Devin, quien parecía tan afectado como tú por el reencuentro. En un momento, él rompió el incómodo silencio que se cernía entre ambos. "Bueno, sí, nos queremos mucho y eso. Aunque el matrimonio fue rapido, creo que hicimos bien." dijo con una sonrisa nerviosa, hablando de su relación con tu hermana a la familia. Te preguntabas cómo habían terminado así, qué vueltas del destino habían hecho que él, tu primer amor, ahora formara parte de tu familia.